jueves, 18 de junio de 2020

Día 91: los números.

Mientras crece la cifra de infectados
mientras crecen los días de encierro
mientras suman los gramos en el cuerpo
ayer ví
dos horneros
un chingolo
dos colibríes
y un caburé.


miércoles, 17 de junio de 2020

Día 90: pájaros

Hay aves, como el ave-lira soberbia,
que pueden imitar sonidos, desde una motosierra
hasta el disparo de una cámara de fotos.

Quizá también, puedan,  el ojo de un fotógrafo.


martes, 16 de junio de 2020

Día 89: loop

No sé si me levanto ayer o este futuro se atrasa tanto
que llega a hoy como si fuera la púa en un disco rayado.
Así son estos días confusos.
Asi estos días de sci fi.

Estoy parada delante de una puerta sin saber
si abre hacia adentro o hacia afuera.

Estoy aquí, allá, ayer, mañana.
Delante,
siempre una puerta
por abrir,
por cerrar.



sábado, 13 de junio de 2020

Día 86: cielo

Siempre me gustó mirar el cielo de noche.
Cuando era chica nos juntábamos, algunas veces, con mis primos
a tirarnos en el pasto de su casa de campo y  mirábamos ese cielo inmenso,
tan poblado de estrellas que parecían casi tocarte los pies.
Contábamos los satélites, uno a uno, hacíamos apuestas y seguiamos
con los dedos el recorrido de los aviones.
Siempre me impresionó la cantidad de satélites y aviones que podían
caber en un cielo argentino.

Anoche, en el frío de mi patio, miré un rato hacia arriba.
Las mismas estrellas mirándome.
Pero no los aviones.

De pronto, en silencio,
algo tan simple cambiando el dibujo del cielo.








viernes, 12 de junio de 2020

Día 85: viento

Anoche el viento silbaba.
Mucho.
El árbol se movía.
Poco.

La gata pidiendo que le abran la ventana una y otra
Vez.
Eran las dos de la mañana.

Hoy,
los pájaros están silenciosos, como si el viento, al fin de cuentas,
algo les hubiera anunciado.
Los colibríes tampoco cantan.

Es un día atípico,
de esos que recordarías por mucho o por nada.




jueves, 11 de junio de 2020

Día 84: los poemas de otros


Por cruzar plazas en diagonal
ahorré tiempo
que pienso invertir 

en contarte
una vez más
que soñé con vos
y estabas de espaldas.


Diego Lebedinsky


Amanece con neblina,
nuevamente los árboles se desdibujan como si la vida se desvaneciera así, de pronto.
Pasamos de mirar vidrieras de vestidos a elegir por internet barbijos
que te combinen con el estado del ánimo.
De poblar las redes de palabras y encuentros para no llamarnos por teléfono
y decir, simplemente, te extraño.
De escuchar todos los discos que tenías pendiente,
de poder deshilachar el tiempo en minutos, segundos, y entender
el cambio de color en el aire.

Muchas fotos estos días, mis encuentros en la terraza son el deleite de mis tardes.
Mucha poesía, también, flotando, como la niebla encima de la casa, en los muebles,
el cuerpo, el corazón que llevo y, a veces, está de espaldas, también.