sábado, 4 de abril de 2020

Día 16: de nuevo la calma

O eso parece.
Hoy, más pájaros.
Hoy, más sol.
Hoy, me dispuse a seguir pintando.
No hice fotos, ni ví cine.
Me levanté tarde y apurada.

Apurada para disfrutar este día sin retorno.

Me quedo con una frase de Tonino Carotone:
"Mejor morir que perder la vida"

foto de ayer:


viernes, 3 de abril de 2020

Día 15: el gran error

Lo que ayer fue una tarde productiva (ver las fotos del final de este post), hoy se transformó en un reverso horrible.
Después de 14 días de estar encerrados para cuidarnos de la pandemia y, sobre todo, no hacer colapsar el servicio de salud, se anuncian (por segunda vez) pago a jubilados y beneficiarios de planes sociales.
Consecuencia que todos vimos venir menos quienes tenían que verlo:
colas y colas de abuelos amontonados, horas y horas como mandándolos al exterminio.
Al diablo con la cuarentena, al diablo con la planificación.
Error de esos inaceptables, error padre de todos los errores.
Todo por los aires y una pandemia que crece pero, además, nos está volviendo locos.
Y no de alegría, esa palabra que se va oscureciendo en los diccionarios.

Pero ayer
ah, ayer...






jueves, 2 de abril de 2020

Día 13 y 14: la lentitud que apura.

Ayer la lluvia parecía lavar todos nuestros pecados.
Una lluvia de a ratos plácida, iluminada.

Una certeza: la pintura del balcón soportó bien. Punto para mí .
Y la vida asoma, desde lugares secretos.
Como si el miedo también fuera virósico.







































El día, de tan largo, se hace corto.
No entiendo por qué pero estoy segura que la percepción se ha corrido un poquito de eje.

Ayer pensaba, y antes de ayer pensaba:
Estaremos entre los que sobreviviremos o estaremos entre los que moriremos?
Es una oración imposible.
Cómo se conjuga?

Me olvido del miedo y me digo, qué privilegio estar aquí y ahora. Ser parte de este todo.
Ser una más de las que tendrán que armar la vida (o desarmarla) el día después.

Hoy, el viento se sacude la peste como perro rabioso.
Siempre supimos quién manda.







martes, 31 de marzo de 2020

Día 12: el azar.

Hoy llueve, como una lluvia suavecita que cayera de las manos... Veremos si lo que pinté en el balcón funciona, y si funciona, hay festejo!

El colibrí juega a que es fiesta también y danza en torno al bebedero.

Hoy, leemos a Sam Sheppard:

La buena suerte
consiste en caer
del lado izquierdo
del Azar

La buena suerte
consiste en caer
más allá de mi cabeza

La buena suerte
consiste en estrellarse
contra los árboles

Todo el mundo se queja.




lunes, 30 de marzo de 2020

Día 11: el silencio.

La odisea de tratar de descansar mientras la cabeza hace lista con las cosas que debería hacer.

Pensamientos  (uno recurrente, porque lo rescaté viendo el primer día de la carentena el documental Biografía de una mirada, sobre Henri Cartier Bresson):

Dijo la actriz Isabelle Huppert,
"El (Henri) no fotografía el silencio sino una palabra que acaba de terminar. Fotografía el silencio que le sigue a la palabra".








































Y la noche vino, igual que siempre, entre los aplausos de las 21 hs para los servidores de la salud, el olor de la comida que en unos minutos subirá hasta mi estudio y la luna que sigue jugando a las escondidas con el fresno.

El marido cocina, los hijos se estampan en sus cosas, como estampillas en un sobre.

Suenan alarmas, me duelen un poco los pies. Hoy salí hasta el banco, y lo que antes era un fastidio hoy casi es una invitación a jugar.

La calle hoy parecía domingo en invierno.
La gente apurada, yendo como sigilosamente a sus destinos.
Todos parecemos espías.
Me sentí, por un momento (tal como lo habláramos con Manuela, mi amiga en España), como presa en un film de Hitchcock.
Ya no sé qué es real y qué es virtual.

Salgo al patio, nada parece estar fuera de lo normal.
Y sin embargo, se percibe en el aire una fragilidad que podria quebrarse con el caer de una gota de agua.

Todo sigue suspendido.
El silencio pregunta.


domingo, 29 de marzo de 2020

Día 10: bandejas.

Hoy todo parece estar suspendido.
La lluvia. La no lluvia.
El calor. El no calor.
La cámara fotográfica.
Las computadora.

Hoy, sólo el silencio es abarcativo y contundente.
El barrio es bien de domingo, al fín.
Nos deberían alimentar los pájaros.

Mientras espero que la página de la AFIP, al fin, se abra, hago unas pocas fotos.

En el aire, todo este día, he pensado:
En estas horas en que desde las redes se nos inunda el existir con variados posts y streaming de un sinfín de actividades artísticas online "para distraernos" (yo no me quiero "distraer", vea ud.) empiezo a dudar si es positivo para el arte en sí.

No es el arte, acaso, la búsqueda de la aguja en el pajar del universo? No es sino lo delicado, lo sutil, lo que quiere ser encontrado pero no buscado?
No es el arte la excepción y no la regla?
En el vómito de la oferta, no me sale otra cosa que replegarme y dar un paso atrás.

En un mundo donde todo se nos sirve así, la bandeja siempre se vuelca.







sábado, 28 de marzo de 2020

Día 9: Todos los días son domingo.

Hoy fue la mañana más corta desde que empezó este encierro.
Por fín pude dormir hasta pasadas las 10.
Pero no me despertó el sonido de los pájaros en el fresno si no el ir y el venir de autos por la calle, como si estuviéramos viviendo en dos mundos paralelos.
Yo, encerrada en cuarentena.
Ellos, ajenos a esta realidad, intocables.

La rutina ahora es llamar a la madre, a la tía, a los amigos que están colgados al otro lado de la línea.
Saber que estamos todos bien, que no necesitamos nada, mandarnos un mimo en forma de foto, de saludo, de respiro.

La vida se ha vuelto intensa en las cosas mínimas.