lunes, 13 de abril de 2020

Día 25: el mundo.

A veces no sé si estamos o parecemos estar.
El mundo es adentro o afuera?
Dónde queda exactamente hoy el mundo?

Llueve
como si lloviendo se lavaran estas preguntas.




domingo, 12 de abril de 2020

Día 24: domingo analógico.

Domingo de Pascuas.
El domingo real, diría, si los domingos hablaran y se pelearan entre sí.

Hay un sol increíble.
Hay una brisa increíble.
El mundo pareciera estar quieto.
O es que yo me muevo menos.
O es porque todos aún duermen en casa a esta hora (12.00 pm.).

Sólo interrumpe, para mi displacer, el rugir de los motores de los autos que van y vienen.

Shhh, este poema era perfecto.
El poema es un momento intangible.

Anoche, en medio de peliculas olvidables, una frase de un trailer de otra:
"No es el fin del mundo. Es el comienzo de otro."



sábado, 11 de abril de 2020

Día 23: el devenir.

No sé qué define el día de hoy.
Sábado, otoño, pre pascuas.

El tiempo se elastiza, se rompe, se pega, se dilata, se mece.

La naturaleza hace la suya.
Se va separando de nosotros.
Nos enjaula.

Afuera, entre las plantas, se desliza un secreto a hojas.
Pienso en el devenir.


viernes, 10 de abril de 2020

Día 22: el que ríe último.

Nuestra teoría favorita:

La tierra comienza su proceso de venganza, de reorganización, de expulsión de la gran bacteria que la afecta.
Y, creo, es lo mejor que puede hacer.

Ver The Happening, de M. Night Shyamalan.

En mi casa, la naturaleza me habla con otras voces, por ahora.
Yo la miro, con estos ojos amantes.
Pero quizá no sea suficiente.




jueves, 9 de abril de 2020

Dia 20 y 21: vida otoñal

Ayer y hoy no hubo, en mi caso, nada muy productivo.
Casi podría decir que el día de ayer se fue esfumando de a poco con la brisa de otoño.
Siento que el tiempo va tan lento que apura.

Ayer pudimos hacer vacunar a Nina contra la gripe, era un tema de mi preocupación.

Miércoles y jueves son distintos en la semana porque son los días de clases virtuales.
Me encanta este grupo, se generan buenas fotos y buena compañía.

Por lo demás, sigo mirando series, y sigo soñando con mucha gente.
Anoche, que me perseguia un auto para matarme, como si yo fuera dueña de un secreto al que tienen que guardar.

Me duermo tarde y me levanto tarde.

En el comedor, estas semanas, las noches se visten de Chinchón.
Vera, Nina y Julián juegan su campeonato.
Ahora incorporaron prendas.
Antes de ayer perdió Julián, le tocó el castigo de Vera.
Anoche perdió Vera, le toca cocinar toda la semana.

De todas maneras, Vera se enganchó con la cocina y viene cocinando todos estos días.

Es increíble o, mejor dicho, impensado que los chicos estén en esta armonía cotidiana. Nunca ha sucedido así por más de un día de corrido. Pero esta cuarentena creo que ha transformado a todos los hijos en algo más.
Son un simbolo de la paciencia y de la perserverancia del encierro.
Me asombra  y admiro esa capacidad.
Como si algo en sus ADN viniera a decirles, justamente, un secreto al que jamás podremos acceder.

Secretos, ese rulo que enlaza pensamiento y sueño.









































martes, 7 de abril de 2020

Día 19: Ver Fase 7, de Nicolás Goldbart.

En esta película (premonitoria?) de 2011 se relata no sólo el acecho de una pandemia, exactamente de igual modo que ésta, sino que muestra, en tono de ironía, cómo se transforman las relaciones humanas.
Me extraño al pensar que nadie la ha mencionado mucho durante esta cuarentena.

Martes de quietudes.
De mucho sol.
De mundos al revés.

La calle ayer (tuve que salir al banco), como dormida. No diría desértica, pero sí dormida. Anestesiada.
La vida, igual,  siempre sigue.

Proyecto para hoy:
Hacer una torta de naranjas.
Acomodar las plantas en el balcón.
Tratar que el día dure mucho.







































lunes, 6 de abril de 2020

Día 18: la nueva discriminación.

Hace unos días, mi prima Paula me envió un video donde la antropóloga Rita Segato hablaba de esta pandemia y sus observaciones.(https://www.youtube.com/watch?reload=9&v=L5JjUAW82is).
Entre otras, habló de la medicina. De la jerarquía de poder que siempre los médicos ejercieron hacia los pacientes.

Lejanos parecen ahora los tiempos donde el Doctor era el Sr en el pedestal vapuleando al paciente como quisiera.
Hoy, el Doctor se encuentra casi al mismo nivel que el paciente:
-sabiendo casi lo mismo con respecto a este virus
-viendo en persona que el paciente teme ser contagiado por él
-dependiendo hoy en modo totalmente horizontal del cuidado mutuo.

Agrego lo último en aparecer, pero no menos importante:
Vecinos enfurecidos discriminando a médicos y enfermeros que viven en su mismo edificio.

Tiempos atrás, me he cansado de escuchar a un médico muy amigo discriminando a los extranjeros y pobres en los hospitales públicos. He visto, como todos, tantos maltratos en persona. He sentido, como todos, que un guardapolvo debería ser símbolo de solidaridad en serio.
Y no es que no haya profesionales solidarios y buenas personas (los hay, también los conozco, claro, y mi mayor respeto y amor  hacia ellos, SIEMPRE), pero en la gran mayoría de las veces nos topamos con estos otros.

Hoy, entonces, este virus malo, malísimo, ha venido a intervenir en todos los juegos. Parece que se adueñó de la pelota, en la economía, en la educación, en los valores humanos, en el recurso del tiempo, en la política y, claro,  en la medicina.

Es en su propio barrio, donde el doctor  hoy es mirado con desconfianza.

Mi hijo, doctor?
Sí, pero ojalá que sea uno cubano.
Importemos más de ese amor.