Ayer y hoy no hubo, en mi caso, nada muy productivo.
Casi podría decir que el día de ayer se fue esfumando de a poco con la brisa de otoño.
Siento que el tiempo va tan lento que apura.
Ayer pudimos hacer vacunar a Nina contra la gripe, era un tema de mi preocupación.
Miércoles y jueves son distintos en la semana porque son los días de clases virtuales.
Me encanta este grupo, se generan buenas fotos y buena compañía.
Por lo demás, sigo mirando series, y sigo soñando con mucha gente.
Anoche, que me perseguia un auto para matarme, como si yo fuera dueña de un secreto al que tienen que guardar.
Me duermo tarde y me levanto tarde.
En el comedor, estas semanas, las noches se visten de Chinchón.
Vera, Nina y Julián juegan su campeonato.
Ahora incorporaron prendas.
Antes de ayer perdió Julián, le tocó el castigo de Vera.
Anoche perdió Vera, le toca cocinar toda la semana.
De todas maneras, Vera se enganchó con la cocina y viene cocinando todos estos días.
Es increíble o, mejor dicho, impensado que los chicos estén en esta armonía cotidiana. Nunca ha sucedido así por más de un día de corrido. Pero esta cuarentena creo que ha transformado a todos los hijos en algo más.
Son un simbolo de la paciencia y de la perserverancia del encierro.
Me asombra y admiro esa capacidad.
Como si algo en sus ADN viniera a decirles, justamente, un secreto al que jamás podremos acceder.
Secretos, ese rulo que enlaza pensamiento y sueño.
jueves, 9 de abril de 2020
martes, 7 de abril de 2020
Día 19: Ver Fase 7, de Nicolás Goldbart.
En esta película (premonitoria?) de 2011 se relata no sólo el acecho de una pandemia, exactamente de igual modo que ésta, sino que muestra, en tono de ironía, cómo se transforman las relaciones humanas.
Me extraño al pensar que nadie la ha mencionado mucho durante esta cuarentena.
Martes de quietudes.
De mucho sol.
De mundos al revés.
La calle ayer (tuve que salir al banco), como dormida. No diría desértica, pero sí dormida. Anestesiada.
La vida, igual, siempre sigue.
Proyecto para hoy:
Hacer una torta de naranjas.
Acomodar las plantas en el balcón.
Tratar que el día dure mucho.
Me extraño al pensar que nadie la ha mencionado mucho durante esta cuarentena.
Martes de quietudes.
De mucho sol.
De mundos al revés.
La calle ayer (tuve que salir al banco), como dormida. No diría desértica, pero sí dormida. Anestesiada.
La vida, igual, siempre sigue.
Proyecto para hoy:
Hacer una torta de naranjas.
Acomodar las plantas en el balcón.
Tratar que el día dure mucho.
lunes, 6 de abril de 2020
Día 18: la nueva discriminación.
Hace unos días, mi prima Paula me envió un video donde la antropóloga Rita Segato hablaba de esta pandemia y sus observaciones.(https://www.youtube.com/watch?reload=9&v=L5JjUAW82is).
Entre otras, habló de la medicina. De la jerarquía de poder que siempre los médicos ejercieron hacia los pacientes.
Lejanos parecen ahora los tiempos donde el Doctor era el Sr en el pedestal vapuleando al paciente como quisiera.
Hoy, el Doctor se encuentra casi al mismo nivel que el paciente:
-sabiendo casi lo mismo con respecto a este virus
-viendo en persona que el paciente teme ser contagiado por él
-dependiendo hoy en modo totalmente horizontal del cuidado mutuo.
Agrego lo último en aparecer, pero no menos importante:
Vecinos enfurecidos discriminando a médicos y enfermeros que viven en su mismo edificio.
Tiempos atrás, me he cansado de escuchar a un médico muy amigo discriminando a los extranjeros y pobres en los hospitales públicos. He visto, como todos, tantos maltratos en persona. He sentido, como todos, que un guardapolvo debería ser símbolo de solidaridad en serio.
Y no es que no haya profesionales solidarios y buenas personas (los hay, también los conozco, claro, y mi mayor respeto y amor hacia ellos, SIEMPRE), pero en la gran mayoría de las veces nos topamos con estos otros.
Hoy, entonces, este virus malo, malísimo, ha venido a intervenir en todos los juegos. Parece que se adueñó de la pelota, en la economía, en la educación, en los valores humanos, en el recurso del tiempo, en la política y, claro, en la medicina.
Es en su propio barrio, donde el doctor hoy es mirado con desconfianza.
Mi hijo, doctor?
Sí, pero ojalá que sea uno cubano.
Importemos más de ese amor.
Entre otras, habló de la medicina. De la jerarquía de poder que siempre los médicos ejercieron hacia los pacientes.
Lejanos parecen ahora los tiempos donde el Doctor era el Sr en el pedestal vapuleando al paciente como quisiera.
Hoy, el Doctor se encuentra casi al mismo nivel que el paciente:
-sabiendo casi lo mismo con respecto a este virus
-viendo en persona que el paciente teme ser contagiado por él
-dependiendo hoy en modo totalmente horizontal del cuidado mutuo.
Agrego lo último en aparecer, pero no menos importante:
Vecinos enfurecidos discriminando a médicos y enfermeros que viven en su mismo edificio.
Tiempos atrás, me he cansado de escuchar a un médico muy amigo discriminando a los extranjeros y pobres en los hospitales públicos. He visto, como todos, tantos maltratos en persona. He sentido, como todos, que un guardapolvo debería ser símbolo de solidaridad en serio.
Y no es que no haya profesionales solidarios y buenas personas (los hay, también los conozco, claro, y mi mayor respeto y amor hacia ellos, SIEMPRE), pero en la gran mayoría de las veces nos topamos con estos otros.
Hoy, entonces, este virus malo, malísimo, ha venido a intervenir en todos los juegos. Parece que se adueñó de la pelota, en la economía, en la educación, en los valores humanos, en el recurso del tiempo, en la política y, claro, en la medicina.
Es en su propio barrio, donde el doctor hoy es mirado con desconfianza.
Mi hijo, doctor?
Sí, pero ojalá que sea uno cubano.
Importemos más de ese amor.
domingo, 5 de abril de 2020
Día 17: un domingo de domingo
Hoy sí, un domingo redundante.
Las tareas cotidianas:
tomar mate, mirar las redes, leer los diarios, dar de comer a los gatos, al colibrí.
Terminar de pintar el balcón, hacer algunas fotos.
La novedad:
Vera amasó (y yo la ayudé) nachos. Exquisitos.
Esta noche amasaremos fideos.
Los domingos me disfrazo de madre.
La directiva:
A partir del martes, todos los ciudadanos de Zárate, tendremos que usar barbijo para salir a la calle.
Esto se parece, cada vez más, a una de las tantas películas de catástrofe que hemos visto.
Pensamiento:
Cuando veo esas películas donde los protagonistas corren y corren para salvar sus vidas que, al final, igualmente terminan atrapadas, siempre me dije que, de pasarme algo así, no me iban a hacer correr sin sentido.
Me iba a inmolar con las primeras víctimas.
Mi película iba a durar apenas 10 minutos.
Será ya hora de salir a la calle?
Las tareas cotidianas:
tomar mate, mirar las redes, leer los diarios, dar de comer a los gatos, al colibrí.
Terminar de pintar el balcón, hacer algunas fotos.
La novedad:
Vera amasó (y yo la ayudé) nachos. Exquisitos.
Esta noche amasaremos fideos.
Los domingos me disfrazo de madre.
La directiva:
A partir del martes, todos los ciudadanos de Zárate, tendremos que usar barbijo para salir a la calle.
Esto se parece, cada vez más, a una de las tantas películas de catástrofe que hemos visto.
Pensamiento:
Cuando veo esas películas donde los protagonistas corren y corren para salvar sus vidas que, al final, igualmente terminan atrapadas, siempre me dije que, de pasarme algo así, no me iban a hacer correr sin sentido.
Me iba a inmolar con las primeras víctimas.
Mi película iba a durar apenas 10 minutos.
sábado, 4 de abril de 2020
Día 16: de nuevo la calma
O eso parece.
Hoy, más pájaros.
Hoy, más sol.
Hoy, me dispuse a seguir pintando.
No hice fotos, ni ví cine.
Me levanté tarde y apurada.
Apurada para disfrutar este día sin retorno.
Me quedo con una frase de Tonino Carotone:
"Mejor morir que perder la vida"
foto de ayer:
Hoy, más pájaros.
Hoy, más sol.
Hoy, me dispuse a seguir pintando.
No hice fotos, ni ví cine.
Me levanté tarde y apurada.
Apurada para disfrutar este día sin retorno.
Me quedo con una frase de Tonino Carotone:
"Mejor morir que perder la vida"
foto de ayer:
viernes, 3 de abril de 2020
Día 15: el gran error
Lo que ayer fue una tarde productiva (ver las fotos del final de este post), hoy se transformó en un reverso horrible.
Después de 14 días de estar encerrados para cuidarnos de la pandemia y, sobre todo, no hacer colapsar el servicio de salud, se anuncian (por segunda vez) pago a jubilados y beneficiarios de planes sociales.
Consecuencia que todos vimos venir menos quienes tenían que verlo:
colas y colas de abuelos amontonados, horas y horas como mandándolos al exterminio.
Al diablo con la cuarentena, al diablo con la planificación.
Error de esos inaceptables, error padre de todos los errores.
Todo por los aires y una pandemia que crece pero, además, nos está volviendo locos.
Y no de alegría, esa palabra que se va oscureciendo en los diccionarios.
Pero ayer
ah, ayer...
Después de 14 días de estar encerrados para cuidarnos de la pandemia y, sobre todo, no hacer colapsar el servicio de salud, se anuncian (por segunda vez) pago a jubilados y beneficiarios de planes sociales.
Consecuencia que todos vimos venir menos quienes tenían que verlo:
colas y colas de abuelos amontonados, horas y horas como mandándolos al exterminio.
Al diablo con la cuarentena, al diablo con la planificación.
Error de esos inaceptables, error padre de todos los errores.
Todo por los aires y una pandemia que crece pero, además, nos está volviendo locos.
Y no de alegría, esa palabra que se va oscureciendo en los diccionarios.
Pero ayer
ah, ayer...
jueves, 2 de abril de 2020
Día 13 y 14: la lentitud que apura.
Ayer la lluvia parecía lavar todos nuestros pecados.
Una lluvia de a ratos plácida, iluminada.
Una certeza: la pintura del balcón soportó bien. Punto para mí .
Y la vida asoma, desde lugares secretos.
Como si el miedo también fuera virósico.
El día, de tan largo, se hace corto.
No entiendo por qué pero estoy segura que la percepción se ha corrido un poquito de eje.
Ayer pensaba, y antes de ayer pensaba:
Estaremos entre los que sobreviviremos o estaremos entre los que moriremos?
Es una oración imposible.
Cómo se conjuga?
Me olvido del miedo y me digo, qué privilegio estar aquí y ahora. Ser parte de este todo.
Ser una más de las que tendrán que armar la vida (o desarmarla) el día después.
Hoy, el viento se sacude la peste como perro rabioso.
Siempre supimos quién manda.
Una lluvia de a ratos plácida, iluminada.
Y la vida asoma, desde lugares secretos.
Como si el miedo también fuera virósico.
El día, de tan largo, se hace corto.
No entiendo por qué pero estoy segura que la percepción se ha corrido un poquito de eje.
Ayer pensaba, y antes de ayer pensaba:
Estaremos entre los que sobreviviremos o estaremos entre los que moriremos?
Es una oración imposible.
Cómo se conjuga?
Me olvido del miedo y me digo, qué privilegio estar aquí y ahora. Ser parte de este todo.
Ser una más de las que tendrán que armar la vida (o desarmarla) el día después.
Hoy, el viento se sacude la peste como perro rabioso.
Siempre supimos quién manda.
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