Estamos en la puerta principal del siglo que viene.
Todo el resto del siglo se estará hablando de estos años.
Los que estemos, los que no estemos.
80 años hablando de este pequeño, solitario, aislado instante
aguijón
letal
universal.
Estamos en la puerta principal del siglo que viene.
Todo el resto del siglo se estará hablando de estos años.
Los que estemos, los que no estemos.
80 años hablando de este pequeño, solitario, aislado instante
aguijón
letal
universal.
Qué se siente
caminar la calle eligiendo vidrieras
donde satisfacer tu ego hambriento,
tus palabras de tergopol,
la autoayuda en la guantera,
mandar a tus hijos al colegio
en medio de la pandemia.
Qué se siente ser rebelde
en MAYUSCULAS por facebook
abanderar la calle al grito de libertad
para luego pedir licencia por salud
a través de una fotocopia trucha?
Qué se siente ser parte del problema
y nunca de la solución?
Ser yo yo y más que yo
en un mundo dividido por dolores.
Qué se siente ser protagonista de la historia
y elegir el papel más ruin, más cobarde
pintado con sangre ajena en el espejo de tus vanidades?
Qué se siente no hacer nada
hacer todo para que no se haga nada
y luego encogerte de hombros
para esconder la miseria que te construye?
Qué se siente, decime
ser el diente que traga la escoria del mundo
la palabra perdida
un corazón que late porque sí.
Qué se siente ser lo que no vale la pena?
Cómo seguir un diario luego de leer Diario de la Peste, de Goncalo Tavares,
tan maravillosamente gráfico?
Cómo seguir un diario después de mi amigo José Luis Visconti?
Cómo seguir contando cosas cuando la cuenta es resta, no suma.
Cómo seguir cuando lo que se cuenta siempre es menos de lo mismo?
Aprender a perder, dice Tavares, un día tras otro.
De esto se trata, de perder lo menos posible.
O perder lo menos valioso posible.
El siglo que muere tantas veces.
Segunda ola, segundo tiempo.
Por delante, veo un número infinito de cosas que se repiten.
Esto será todo?
Esto será el resto de mi vida?
Esto será todo?
Ayer, día gris de otoño, al fín algo nuevo.
Hicimos, con Vera, un taller de cianotipia online.
El resultado no fue óptimo pero hacer algo juntas, compartir un amor
fotográfico y botánico me emociona.
Hoy, domingo, fueron mejores intentos.
Salió belleza.
De postre, me leí Las Fotos, de Inés Ulanovski.
A veces, la vida se vuelve bella.
Y nos sentimos parte.
Hoy ya estamos en el segundo año de encierro.
Hoy ya es un nuevo año dentro del paréntesis.
Como si, de pronto, estuviéramos a bordo del Aniara.
Es un año más o es un año menos?
En qué lista quedaré yo, con los que más amo?
En la de sobrevivientes o en la otra, la que no quiero nombrar?
Pero en la lista de sobrevivientes ya no está Mariela.
Ni todas las cosas que hablábamos con Mariela, ni su risa, ni las cenas en casa
con sus postres, ni sus regalos, ni su amor incondicional.
Te extraño tanto, pero tanto...
Tampoco estará Manuela, pero por exilio propio.
Ni las calles húmedas de Campana, chapoteando entre charcos y lamentos
entre café y chocoarroz, entre canto y desencanto.
También te extraño tanto, pero en este viaje elegiste otra nave, lejos de todo.
Elegir, pienso, es soltar y agarrarte de un pasamanos nuevo.
Pero la mugre, esta peste, siempre la llevamos encima.
Cuándo aterrizarremos, cuándo aparcará este tren, no lo sabemos.
Quién nos esperará en ese aeropuerto, tampoco.
Sólo sé que bajaremos con apenas un puñado de cosas:
los recuerdos de una vida anterior, un amor en el cuore, un querido perdido
y, si hay suerte, dos o tres flores en la mano.
Decir: pasó un año. De ahora es más es otra cosa.
Cortar el lazo y pretender que para el corazón y la cabeza también se corta de un tirón.
Hoy eliminé el teléfono de una amiga muy querida, una amiga que queda en mi pasado,
esperándome en el pasado, donde sólo podremos vernos en el recuerdo.
Es la segunda persona que no volveré a ver cuando pueda salir libremente de este encierro
horroroso.
Una porque la murieron, otra porque me mató.
Ya no estaré para ninguna de las dos acomodada en las fibras que laten, ni sonreirá,
ninguna de las dos, cuando me piense.
Ya no estaré, pero es que ya no estoy.
Cómo es que se puede cortar y lazo nuevo?
Cómo es que la gente se deja de querer?
Yo no sé de tantas cosas.
Pero del amor, es lo que menos sé.
La cuenta me da exactamente 365 días.
365 maneras de morir.
365 maneras de sobrevivir.
La vida nueva vs la vida vieja.
Darwin se rasca la cabeza.
En el medio de la nueva, Silvia, Gladys y Nina recibieron su primera dosis
de vacuna.
El resto seguimos esperando el turno.
Como si fuera la entrada del mejor show de nuestras vidas.
El futuro, esta vez, viene en una jeringa.