Escribo notas ya para nadie
ni siquiera para mí.
Todas las cosas que no tienen nombre
vienen a nombrarse en mí.
Gabo Ferro
Escribo notas ya para nadie
ni siquiera para mí.
Todas las cosas que no tienen nombre
vienen a nombrarse en mí.
Gabo Ferro
Toda vez que ví un film catastrófico donde la humanidad entera iba a perecer,
siempre pensé lo mismo: para qué correr? Para qué esconderse de los zombies,
de los extraterrestres, de los tsunamis, si al final, tarde o temprano, nos iba a encontrar
a todos?
Siempre dije, no me voy a cansar al pedo. Que me encuentren entre los primeros.
Y sin embargo, aquí estoy, en casa, vírgen de covid, resistiendo.
Hace unos días soñé que me crecian dos suculentas en la cabeza.
Me peinaba una mañana y ahi las veía, de golpe, dos enormes plantas verdes
entremezcladas con mi pelo, que crecían frondosas y fuertes.
Quise arrancarlas de raiz, pero la raíz estaba en mi cerebro.
Dolía el tirón. Dolía mucho. Era imposible sacarlas sin dolor.
Estaban ahí, esos pensamientos que no se pueden desarraigar.
Ocupé demasiado tiempo en mis fantasías.
Meses, días, años.
Le entregué a mis miedos hasta los sueños.
Tengo ahora, en la mano, un pasaje de tren vencido.
El guarda es dificil de coimear.
Salimos con Troquel
(www.karinadipasquale.com.ar)
Salimos a jugar otra vez.
Por sobre la pandemia.
Por sobre las lápidas.
Por sobre los sueños viejos.
Me pone feliz, me pone infeliz.
Todo lo que quería es un abrazo.